
Al margen de lo que pueda haberse estipulado en el contrato de edición, el autor no debe eludir, en ningún caso, la corrección de las pruebas.
Incluso cuando, en el proceso editorial, intervenga corrector de estilo, el cotejo del autor es fundamental, no sólo porque su revisión tiene un mayor alcance, al menos en las primeras pruebas, sino porque, en definitiva, es su obra y, en muchos aspectos, nadie mejor que él para interpretar el original y optar por determinadas soluciones o criterios en la composición del texto.
La corrección es un trabajo delicado que exige del autor su máxima atención y paciencia. Ofrece aspectos diversos:
a) El autor debe, ante todo, en las correcciones de pruebas, mantener la actualidad de la obra, lo que, en el ámbito jurídico, es fundamental. La promulgación, tras la entrega del original, de disposiciones sobre la materia tratada, su derogación, un pronunciamiento judicial o constitucional trascendente o una relevante publicación específica sobre el tema estudiado deben ser recogidos por el autor.
b) En las primeras pruebas, el autor puede introducir breves modificaciones en el contenido de la obra, si bien no debe olvidar que, según se ha expuesto, el original es la versión definitiva del trabajo.
c) El autor cotejará las pruebas con el original, marcando tanto los extremos que considere incorrectos como las erratas que advierta.
d) Las correcciones deben practicarse, en los márgenes laterales de las pruebas, con los signos convencionales, si se conocen, y, en todo caso, con la máxima claridad. Se utilizará tinta preferentemente roja o verde; nunca lápiz o bolígrafo negro.
e) Las adiciones que no quepan en los márgenes laterales de las pruebas pueden transcribirse en el margen superior o en el inferior con sus correspondientes llamadas indicativas. En caso necesario, se utilizará el dorso de la hoja o —lo que es preferible— se añadirán folios nuevos o trozos de papel pegados (banderillas), de lo que se dejará constancia en las pruebas.
Tras recibir del autor las pruebas, Bosch las repasa y remite a la imprenta, para la obtención de las segundas pruebas. Éstas son corregidas a su vez por la propia editorial, o, en función de la importancia o número de las modificaciones, remitidas de nuevo al autor.
Según se ha indicado, el autor debe utilizar, en el cotejo y revisión de las pruebas, los signos convencionales, tradicional e internacionalmente aceptados en el ámbito editorial y de las artes gráficas.
Los signos de corrección tipográfica se dividen en llamadas, signos en sentido estricto o enmiendas y señales. Con objeto de lograr una cierta unificación, fueron recopiladas por el Instituto Nacional de Racionalización y Normalización, en mayo de 1974, en la norma UNE (Una Norma Española) 54-051-74 que reproducimos como anexo en las páginas siguientes.