
Corregidas las últimas pruebas y subsanados los errores en ellas advertidos, se procede a obtener fotolitos o clichés fotográficos de la composición, que, una vez comprobados en la editorial, se envían a la imprenta, donde se montan en “formas” que corresponden a unidades de tirada, en pliegos de treinta y dos o dieciséis páginas.
Con el visto bueno del editor, el montaje de offset se insola, pliego a pliego, sobre planchas alumínicas, que serán usadas por la máquina de imprimir. La imprenta, ultimado su trabajo, remite al taller de encuadernación los pliegos de papel impreso.
El proceso de encuadernación comienza con el plegado de los pliegos en una máquina que los va convirtiendo en cuadernillos. Una vez plegados todos los pliegos, se procede a su alzado, operación consistente en colocar todos los cuadernillos en el orden correspondiente.
A continuación, en los libros de Bosch se opta normalmente por el cosido, para que soporten, en mejor estado, el uso y el paso del tiempo. Una vez cosidos y prensados, los libros pueden acabarse de muy distintas formas según el tipo de encuadernación.